Esta ha sido mi primera nochevieja en mi ciudad, Vitoria. Hasta ahora siempre la pasaba en Logroño con mi familia, pero este año nos quedabamos en casa y en cuanto me enteré empecé a hacer planes.
Por primera vez fuimos a un cotillón. La noche pintaba bien porque tenía algo más que celebrar que la entrada de 2010, ya que dos días antes recibí la noticia de que me contrataban en la empresa donde hice la entrevista y ya escribí un post.
Así que quedé con mis amigos K y E para tomar la primera copa en plan express en nuestra segunda casa. Después de esta copa express nos encaminamos para el gran fiestón.
La noche fue bastante buena y entre copas, chupitos y copas de cava recuperé los 95 eurazos que nos costó la entrada, además nos pusimos finos a canapés.
Durante la noche lo pasamos genial, bailamos, bebimos, reimos, bebimos, hicimos una gran conga, bebimos, besamos, hicimos el conoces a Ted, bebimos y volvimos a beber.
Lo de la conga fue espectacular. Derrepente se le cruzó el cable a mi amigo K y empezó a enganchar a toda la gente que estaba en el piso de arriba menos a mi. Yo me quedé en la barra porque estaba empezando a coger el ritmo con las copas y los que me conoceis como el Perchas ya sabeis lo que me pasa cuando cojo el ritmo.
También fue mi amigo K el que hizo el conoces a Ted, es que K es la ostia de normal pero cuando va un poco torcido es la ostia al cubo. El conoces a Ted es una acción que aparece en la serie Como conocí a vuestra madre. Consiste en tocar en el hombro a una chica o chico y decirle ” conoces a …” diciendo el nombre de la persona que tienes al lado. El primer conoces a Ted tenía mi nombre escrito pero como me lo olí me escapé, porque soy muy vergonzoso, y ahí dejé a K con una cara de “pero si estaba aquí hace un monento”. Pero K no se vino abajo y lo hizo otras tres veces, pero nadie tuvo éxito.
También hirieron un sorteo de regalos y como ultimamente estoy enrachado pues me tocó una cesta de dulces artesanales de una pastelería muy fina de mi ciudad, cuando digo fina quiero decir cara.
Así que la noche fue genial hasta que dos subnormales se empezaron a pelear y a un chico que fue a separarlos le rompieron una silla en la cabeza y eso nos dejó un poco de bajón a todos, pero bueno…
Después del fiestón nos juntamos con E y nos fuimos E, K y yo para casa porque vivimos cerca, aquí comenzaba la segunda odisea de la noche, ir hasta la otra punta de Vitoria borrachos como las ratas y con una cesta que pesaba como un muerto y con una caja que me “regalaron” que yo pensé que eran puros y la cual se la iba a regalar a mi abuelo, total que casí nos costó llegar una hora.
Por cierto lo de la caja no eran puros, cuando llegué a casa me pudo la curiosidad y la abrí y era una mierda de bandejitas Zen de propaganda.